CIENCIA Y TECNOLOGIA
Uno de los tópicos en el debate actual sobre la ciencia y la tecnología consiste en determinar que tanto han servido para configurar a las sociedades modernas y trasformar a las tradicionales. Los progresos científicos como también tecnológicos han modificado radicalmente la relación del hombre con la naturaleza y la interacción entre los seres vivos. Hoy en día la ciencia y la tecnología calan los niveles más altos en la sociedad actual.
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jueves, 8 de diciembre de 2011
lunes, 4 de abril de 2011
La Ciencia y Tecnologia en el Ecuador
La Ciencia y la Tecnología son actividades intelectuales a través de las cuales es posible llegar a un conocimiento aproximado de la realidad y sobre todo, lograr su transformación en la procuración del desarrollo humano.
La estrecha relación existente entre ciencia, tecnología, innovación y crecimiento es innegable en el mundo actual, donde el conocimiento es fundamental para formar parte de la globalización. Las economías de los países prosperan en la medida que son capaces de incorporar el conocimiento desarrollado a la producción de bienes y servicios; la mano de obra y la materia prima baratas son cada vez menos importantes en los procesos de competitividad.
Lo global ha cambiado el paradigma de la competitividad; los bajos costos, alta calidad y rápida generación de productos ya no crean ventajas de mercado; la prosperidad en la economía global, tanto para países como para empresas, está asociada a la habilidad de innovación, de transferir el conocimiento en nuevos productos, procesos y servicios, además del incremento de la productividad.
El acelerado avance científico y tecnológico a nivel mundial, obliga a nuestro país a dedicarle un lugar prioritario a la educación e investigación, impulsando y apoyando específicamente la ciencia y la tecnología como condición indispensable para garantizar nuestra viabilidad como una nación desarrollada, libre y soberana.
Desafortunadamente, el estado ecuatoriano a lo largo de su historia les ha concedido poca importancia, ignorando o menospreciando el papel insustituible que juegan en dinamizar y disparar el desarrollo integral de las regiones y la nación. La inversión en ciencia y tecnología hoy en día es ínfima, disminuyendo en vez de crecer en los últimos años, sin siquiera alcanza el 0.4% del PIB, muy por debajo de países similares al nuestro y cada vez más lejos del 1.5% mínimo deseable al que la comunidad científica aspira.
La estrecha relación existente entre ciencia, tecnología, innovación y crecimiento es innegable en el mundo actual, donde el conocimiento es fundamental para formar parte de la globalización. Las economías de los países prosperan en la medida que son capaces de incorporar el conocimiento desarrollado a la producción de bienes y servicios; la mano de obra y la materia prima baratas son cada vez menos importantes en los procesos de competitividad.
Lo global ha cambiado el paradigma de la competitividad; los bajos costos, alta calidad y rápida generación de productos ya no crean ventajas de mercado; la prosperidad en la economía global, tanto para países como para empresas, está asociada a la habilidad de innovación, de transferir el conocimiento en nuevos productos, procesos y servicios, además del incremento de la productividad.
El acelerado avance científico y tecnológico a nivel mundial, obliga a nuestro país a dedicarle un lugar prioritario a la educación e investigación, impulsando y apoyando específicamente la ciencia y la tecnología como condición indispensable para garantizar nuestra viabilidad como una nación desarrollada, libre y soberana.
Desafortunadamente, el estado ecuatoriano a lo largo de su historia les ha concedido poca importancia, ignorando o menospreciando el papel insustituible que juegan en dinamizar y disparar el desarrollo integral de las regiones y la nación. La inversión en ciencia y tecnología hoy en día es ínfima, disminuyendo en vez de crecer en los últimos años, sin siquiera alcanza el 0.4% del PIB, muy por debajo de países similares al nuestro y cada vez más lejos del 1.5% mínimo deseable al que la comunidad científica aspira.
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